Tu y yo – Historias de caballos y burros para niños y niñas

Juancho estaba atento al camino, esperaba ver llegar a su papá, y cuando divisó su silueta a lo lejos salió corriendo a recibirle, sordo a los gritos de su mamá que le decía:-“ mijo no corra-“.Juancho adoraba a su papá, pero hoy, especialmente, quería recibirle antes que nadie, su padre le había ofrecido un obsequio especial por su cumpleaños, y ya llegando a donde se encontraba este, vio algo entre sus manos, algo que no distinguía bien, así que luego de abrazar a su papá, comenzó a descubrir lo que llevaba entre sus manos envuelto en una manta, ¡Oh sorpresa!, al retirar la manta por completo vio a un burrito algo asustado, quizás por el viaje, quizás por los enormes ojos negros que ahora lo miraban.

Juancho tomó al burrito entre sus brazos, lo miró varias veces y le preguntó a su papá: – “¿Cómo se llama? – “: su papá le contestó: -“es tuyo, ponle el nombre que quieras-“.

“Está bien dijo Juancho, se lo mostraré a mamá- “, y salió corriendo hacia la
casa para mostrar su regalo, “-mira mamá lo que me ha traído papá, es un burrito, ¿está lindo verdad? -“.

“-Sí hijo, toda criatura viviente es hermosa, pero lo más importante es que te hagas responsable de él, que estés al pendiente de que coma y beba, de
enseñarle a comportarse y también de que le des cariño, si logras ganarte su cariño y su lealtad tendrás un verdadero amigo para toda la vida-“.

Dante, Fer, DonkeyMan y Fantasía.
Ph: Natalia Cruz

Juancho respondió: -“si claro, lo voy a cuidar y a querer; lo voy a llevar al establo y le haré un lugar donde pueda dormir-“. Y puso al burrito en el suelo para que fuera caminando hasta el establo; mientras lo hacían el niño iba pensando en qué nombre le pondría al animal:”-no se que nombre ponerte, pero vamos a ser buenos amigos, por ahora tú y yo vamos a hacer todo juntos-“.

A partir de se día el niño y el burro se veían juntos en todo momento; el animalito estaba a su lado mientras hacía la tarea, jugaban y corrían con los perros de la granja, el asno esperaba a Juancho en la entrada de la casa cuando este ayudaba a su mamá en los quehaceres o entraba a comer, y cuando el animal creció un poco le ayudaba al niño a llevar en su lomo el pasto a los animales.
Ambos habían creado un vínculo maravilloso y se entendían perfectamente entre palabras y rebuznos; siempre las conversaciones terminaban en la búsqueda de un nombre para el animal: “-no sé qué nombre ponerte que sea realmente bueno para ti, pero lo importante es que tú y yo estaremos siempre juntos.”.

Los padres de Juancho sonreían al escuchar las tertulias de estos dos personajes y le decían a su hijo que el burro necesitaba un nombre.

Una mañana lluviosa el asno estaba impaciente en el establo, pateaba la puerta y rebuznaba, hacía rato que el niño debía haber ido a saludarlo y no lo había hecho. Escuchando al animal tan inquieto el padre de Juancho fue al corral para tranquilizarlo y dejarle agua y alimento para iniciar el día; mientras lo acariciaba le decía que su hijo había pasado la noche con fiebre y esperaban que el Dr. fuera a verlo, así que ese día Juancho no iría a jugar con él.

El niño no mejoró ese día a pesar del tratamiento recetado por el médico, por lo que al segundo día que el burro no lo vio hizo tal estruendo que logró abrir la puerta del establo y se echó a la entrada de la casa donde, periódicamente, lanzaba un rebuzno que parecía un sollozo. La mamá de Juancho le comentaba a su esposo que si el asno pudiese hablar le habría dicho a su hijo”-tú y yo siempre vamos a estar juntos-“

DonkeyMan

El niño tardó dos días más en recuperarse, dos días en los que el burro no se movió de la puerta de la casa, pero si algo le faltaba a Juancho para recuperarse lo obtuvo cuando pudo levantarse de la cama y al abrir la puerta ver a su amigo de cuatro patas que iba y venía dando vueltas a su alrededor invitándolo a correr por el campo. El niño abrazó al animal y le dijo”-ya me contaron que no quisiste alejarte de mí, por eso digo que tú y yo siempre vamos a estar juntos- “.

Luego de este reencuentro Juancho volvió a la casa pues era hora de desayunar y mientras sorbía su leche con todo gusto dijo”- ya sé cómo se va a llamar mi amigo, se llamará tú y yo- “. Sus padres sonrieron por el nombre tan ingenioso, pero entendieron que ese nombre encerraba un vínculo hermoso, una inmensa lealtad y un cariño que alcanzaría para toda la vida.

Escrito por:
Jenny Contreras (Escritora de cuentos para niños)

Te gusta, comparte y síguenos:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.