La motivación es la columna vertebral de todo hecho humano, al menos esa es mi apreciación; pasa por impulsarnos a lograr metas desde que estamos pequeños, alcanzar logros mayores a medida que alcanzamos madurez y adquirimos mayores responsabilidades, hasta permitirnos salir de situaciones sumamente difíciles que pudieran llevarnos a cuadros depresivos severos.
De manera general podemos hablar de dos tipos de motivación: motivación intrínseca que es la motivación que se genera a partir de factores internos de la persona, y acá cada individuo maneja sus propios estándares y niveles, o sea, no hay reglas, lo que para unos es sumamente motivador para otros es un mínimo aliciente o algo sin importancia; y tenemos la motivación extrínseca que es aquella motivación que es inducida por elementos externos al sujeto, es decir, todo aquello que desde fuera nos impulsa, como los elogios de quienes nos quieren, las palmadas en la espalda de los amigos o un ascenso en el trabajo.
La motivación laboral es un factor que debe formar parte del día a día entre los empleados, a la hora de llevar a cabo un trabajo supone un cambio cualitativo, pero también una forma de mantener un ambiente agradable y pro-activo; en la gerencia ahora no se habla de jefe sino de líder, eso ya deben haberlo escuchado, pero ese líder debe tener dentro de sus características como tal ese “don de gente” que no sólo estimule y coadyuve a los empleados a lograr objetivos gerenciales casados con sus objetivos individuales, sino que también propicie la magia del deseo interior en cada individuo; esto no es más que convertirse en coach de su equipo de colaboradores, orientándolos y dándoles las herramientas necesarias para crecer como personas, ya luego el crecimiento profesional y los resultados favorables en la empresa u organización vendrán por añadidura.
Se que están pensando que es más fácil decirlo que hacerlo y están en lo correcto, pero si lo bueno es lo que cuesta no hay que ser tan facilistas, además está en juego la productividad del negocio que se lidera. Para convertirte en coach de tus empleados debes estar atento a las habilidades que poseen tus trabajadores, de modo que seas capaz de determinar qué necesitan para desarrollar su potencial, debes hacer del trabajo en equipo tu bandera ya que este permite sacar adelante los proyectos de forma unificada y con distintas ideas valiosas, las habilidades comunicativas deben darse en su máximo esplendor, pero no porque se hable de forma glamorosa sino porque se comuniquen de forma clara y precisa las instrucciones, de modo que no se deje espacio para interpretaciones desviadas o individualistas que atenten contra los objetivos trazados; es sumamente importante transmitir y comunicarse con empatía, no solo transmitir ordenes e información, resulta muy motivador para un colaborador que lo llamen por su nombre, que le pregunten cómo está su papá si supimos que estaba enfermo, o felicitarlo porque su hijo haya aprobado el año escolar, ¿se dan cuenta que a través de cosas simples se puede lograr motivar a los clientes internos?.
La motivación ha tenido sobre sí la sombra del miedo; muchos directivos piensan que al motivar a sus empleados a través de la formación y capacitación ponen en peligro sus puestos de trabajo. Ese celo profesional desmerece a un verdadero líder, pues este tiene la tarea de impulsar a otros a alcanzar objetivos que son de su interés y de la empresa a la que pertenece, la idea es conformar equipos multidisciplinarios altamente competitivos.
Al convertirse en coach de sus colaboradores usted se gana su aprecio y respeto, además de ver el incremento en el rendimiento y desempeño de los trabajadores, lo cual se traduce en ganancias para la empresa u organización; si posee un talento humano de calidad valórelo, dígaselo, no se lo guarde, motívelo cualitativa y cuantitativamente para que no termine en la acera de enfrente… con la competencia.
Jenny Contreras de Castillo
Licenciada en inglés
Magíster en Gerencia y Administración
Asesora Empresarial/Escritora
